La Magia de las Libélulas

Hola mis queridos lectores ¿cómo están? espero que muy bien; hoy les voy a hablar del aspecto mágico de unos insectos que en las ciudades contaminadas cada vez son más difíciles ver, y vaya que nos estamos perdiendo de un verdadero espectáculo porque las libélulas visten con asombrosos colores sus esbeltos y pequeños cuerpos, bueno, no los visten o… ¿si?

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Las libélulas nos recuerdan que es parte de la sabiduría de nuestro espíritu el permitirnos transformarnos, ellas representan el cambio y la iluminación de nuestro espíritu.

Hace poco fui con mi familia a un hermoso parque cerca de casa, en donde hay un pequeño estanque que tenía mucha agua; cuando caminábamos hacia ese lugar pudimos ver desde lejos un “enjambre” de libélulas, yo creo que eran más de cien, incluso al estar más cerca volaban alrededor de nosotros y les puedo decir que fue muy hermoso sentirlas tan cerca y que no se espantaran con nosotros; algunos días después, en una de nuestras ventanas,  apareció una de un color azul muy hermoso y lo mejor es que se dejó fotografiar y casi tocar, al final ella se fue a seguir su vida libre, volando quien sabe a dónde y espero que se encuentre muy bien; ella fue la que me inspiró a escribir sobre las libélulas y en esta ocasión les hablaré de su magia, y de algunos  mitos y leyendas que nosotros los humanos hemos creado sobre ellas, así que, sin más que decir, ¡comencemos!

La libélulas son seres que existen en este planeta mucho antes que nosotros, así que desde tiempos muy remotos hemos tenido contacto con ellas pues viven casi en todo el mundo, por eso es que, prácticamente, cada país tiene creencias especiales sobre estos ¡seres fantásticos!

En la gran mayoría de las culturas alrededor del mundo, estos fantásticos insectos, simbolizan el cambio, la autorrealización  desde un encuentro con el significado profundo de la Vida.

Para los Hopi, que son nativoamericanos de lo que hoy es Estados Unidos, concretamente de Arizona, las libélulas son bienhechoras, antiguos dragones verdaderos que cayeron en la trampa de un coyote y que al pedirles este, que se transformaran en insectos pequeños, no pudieron retornar a su forma y tamaño original, desde entonces,  los Hopies veneran a las libélulas, las cuales son representadas en petroglifos, cerámica e, incluso, en sus altares, ya que consideran que estás, tienen poderes sobrenaturales, chamanes antiguos qué, gracias a sus dones de fertilidad y abundancia, pueden traer beneficios a su pueblo.

Al respeto se cuenta:

“Hace muchas lunas, nuestra gente pasaba grandes hambres, las libélulas, conmovidas por el llanto de los niños y sus madres, se compadecieron y, usando sus mágicos poderes, las libélulas cultivaron maíz haciéndolo germinar y madurar en tan sólo cuatro días, alimentando a los hambrientos que agradecieron con cantos y danzas la bondad de los pequeños dragones”.

De mis favoritas es la de la diosa Aine, la Reina de las Hadas y Diosa del aire celta, que  es una leyenda que nos cuenta que las libélulas fueron las primeras en poblar lo que hoy conocemos como Europa, que eran hadas y que hace mucho tiempo los humanos no podían convivir con seres tan mágicos como ellas,  ya que son seres de naturaleza  superior; pero un grupo de hadas que se sentían encantadas por  los humanos decidieron desobedecer a la hada suprema y ella se enojó tanto que las convirtió en libélulas para castigarlas; tiempo después, cuando la diosa Aine ya estaba más tranquila y pensando en el bienestar de sus hermanas, las quizo devolver a su forma natural de hadas, pero ellas dijeron que no, ya que en su forma de libélulas ellas se sentían más libres y podían convivir con los humanos sin temor a descubrir su naturaleza mágica, así que la diosa Aine no las regresó a su forma de hadas y ellas prosperaron con los humanos donde tuvieron descendencia  y así las podemos admirar hoy en día y no sólo eso, sino que la reina Aine, de quien  recibimos las facultades más importantes de nuestra mente, como la inteligencia, la razón y la memoria, designó a las libélulas como mensajeras de los deseos humanos; así que si ves una libélula y deseas algo de corazón, cuéntale tu deseo para que lo lleve a los oídos de Aine y ¿quién sabe? quizá te lo conceda, después de todo a ellas no  les quitaron sus facultades mágicas esenciales, como su belleza, el que puedan leer nuestros pensamientos, el saber cuando algo es cierto y cuando no lo es.

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Para los mayas, las libélulas eran el animal emblemático de la Diosa Ix Chel, diosa del tejido, de los partos, de la luna, de las inundaciones, patrona de la medicina,

Como les decía, en cada país existen  creencias diferentes, por ejemplo los samuráis, en Japón, creían que eran un símbolo de buena suerte y las usaban como un emblema que les aseguraba que  ganarían sus batallas; aquí en México se les asocia con la pureza del agua y si se les encuentra en un campo, normalmente se dice que son una promesa de que ese año va a ver una buena cosecha y prosperarán (al menos en ese año) y también se les considera como símbolo de la fertilidad ya que, de una sola vez, pueden llegar a poner 100 mil huevos (aunque, claro, no todas la crías llegan a la madurez y a reproducirse).

En India se cree que cuando las personas mueren sus almas se convierten en libélulas, lindo ¿no? Aunque no todos los países y religiones alaban a las libélulas por su divinidad, como por ejemplo en China que son símbolo de mala suerte y en otros, las llegan a relacionar con el diablo, lo que provoca que, año tras año, sean exterminadas generaciones, debido a una mala reputación que no tiene ningún sentido.

Afortunadamente para nosotros, las buenas creencias son más que las malas, ya que son muchos más los países que las consideran como seres mágicos benéficos ¡y tienen toda la razón! ya que estos seres han convivido con otros seres fantásticos, desde tiempos inmemoriales, como los gnomos y aunque no les puedo contar todas las historias de las libélulas y los seres mágicos, ya que existen miles,  si les puedo contar una que es de las más hermosas, así que espero que les guste:

Lhadtsi y la Reina de las Libélulas

Había una vez, en el gran bosque de los seres fantásticos, una niña que era la más pequeña de todos los habitantes de esa tierra y era muy especial ya que se trataba de un hada, sólo que casi nadie la podía ver y ella vivía sola y triste por esta causa; a ella no le gustaba tener una vida solitaria como la que estaba viviendo, pero realmente creía que no podía cambiarla. Un día, otra hada mucho más grande que ella, casi del tamaño de un humano adulto, por accidente le dio un manotazo y la envió tan lejos que salió del bosque encantado y aunque sus familiares, que después de algún tiempo notaron su ausencia, la buscaron, no la encontraron y ellos no se atrevían a salir de  las tierras mágicas del bosque ya que su temor por los humanos se los impedía. Aunque sus padres lloraron mucho su pérdida, tuvieron que superar su dolor y aceptar la posibilidad de que nunca la volverían a ver.

Ellos no podían saber que mientras buscaban con desesperación, su hija que se llamaba Lhadtsi,  quedó tan mal herida por el golpe que  no se podía mover y ella se dio cuenta de que muy pronto moriría, ya fuera por hambre o porque, al estar fuera de la protección del bosque mágico, corría el riesgo de que un humano la pudiera encontrar, pudiendo  hacer con ella lo que él quisiera, lo cual a ella la horrorizaba ya que además dejaría en evidencia la existencia del mundo mágico y pensando en todas las posibilidades de lo que podía pasar y a causa del gran dolor que sentía, se quedó profundamente dormida sin darse cuenta de que un ser la estaba observando. Tiempo después despertó en una cama de su tamaño y por un momento ella pensó que quizá hubiera muerto y había regresado al Reino Aghdtares, que es aquel al que vuelven los seres mágicos cuando terminan su misión en este planeta;  de pronto escuchó un zumbido y con elegancia entró a la habitación una libélula que le dijo:

-“Yo soy la Reina de las Libélulas, te encontré ayer y no quiero que temas por tu seguridad ya que te cuidaré y nada malo te pasará”.

Lhadtsi se quedó perpleja, y muchas preguntas se formaron en su mente y de pronto la Reina Libélula las empezó a contestar todas; ante esto, la niña se dio cuenta de que la libélula tenía el don de leer la mente ya que ella no había pronunciado una palabra en voz alta. La Reina le contó su historia, de como ella, hacía mucho tiempo, había sido un hada al igual que ella, hacia tanto, que ya casi no recordaba mucho de aquella lejana época. Lhadtsi le preguntó porqué había cambiado tanto su aspecto exterior, a lo que la Reina le contestó que ella también había sido un hada diminuta, así que decidió usar su magia para convertirse en otro ser en el que se pudieran fijar por su originalidad y por ser más grande, pero todo salió mal y le tuvieron miedo; unos decían que era un monstruo creado por los humanos para poder espiar al bosque mágico y otros, que no merecía estar ahí y un día simplemente ya no aguantó esas falsas acusaciones y decidió irse del bosque mágico; Lhadtsi estaba impresionada ya que en el bosque merodeaba la leyenda del hada que se convirtió en una aliada de los humanos y ahora sabía que la historia no era como se la habían contado y se sintió muy mal por esa hada ya que sabía exactamente lo que ella sentía, y de pronto la Reina de las Libélulas interrumpió los pensamientos de la niña diciendo:

-Esa es la historia de cómo llegué aquí.

La niña entonces se preguntó por qué no volvía a usar otra vez su magia y se convertía nuevamente en un  hada, a lo que la Reina de las Libélulas contestó:

-“No, no volveré a usar mi magia y aunque quiero, no me lo puedo permitir; hace tiempo no me amé como era y la manera en la que vivía y no saqué lo mejor de la oportunidad de vivir y me importó más mi apariencia que las oportunidades que me daba el ser como era, ya que, ahora lo veo y, no antes, que ser pequeña abre oportunidades que muchos que no conocen nuestra realidad no lograrán nunca ver por lo que verán en nuestro tamaño más desventajas que ventajas y tú que todavía tienes la oportunidad de corregir este descontento con tu tamaño, y aún no te has equivocado como yo,  ocúpate en  sanar y después te ayudaré a regresar al bosque mágico y una vez que regreses, debes prometerte que  aprovecharas tu vida y no dejarás que nada ni nadie te diga cómo es que debes vivir o ser, de lo que eres o no capaz y a lo que le debes dar vida en tu corazón, ya que la magia más poderosa es la que creas, precisamente ahí, en el centro de tu alma; si los haces nacer y anidar ahí, tus deseos y tus metas se van a cumplir mientras no dudes, recuerda que debes dejar a tu espíritu ser libre y sólo cuando lo dejes ser libre en su totalidad, sabrás lo que es la verdadera felicidad”.

Y tras decir esto la Reina de las Libélulas se fue.

Días después la Reina despertó a Lhadtsi más temprano de lo usual y le dijo que la llevaría al bosque mágico, así que la niña se subió a la espalda de la Reina y empezaron a volar y no pararon durante más de seis horas; cuando al fin llegaron al borde de la entrada al bosque mágico, la Reina le dijo a la niña:

-“Es hora de despedirnos, sigue mis consejos y te aseguro que no te arrepentirás; ahora me despido mi querida amiga, adiós”.

La niña abrazó a la Libélula con fuerza y lloró, en parte  por la tristeza que le ocasionaba esa despedida, pero principalmente fue de felicidad, porque ese ser, que para los más gigantes era insignificante, era poseedora de una inmensa sabiduría que había compartido con ella y así se despidió, dándole las gracias.

Cuando llegó a su casa su familia la recibió con gran alegría. Con el tiempo, ella contó su historia, año tras año, hasta que envejeció llegando a ser una de las hadas más sabias y felices de esa tierra, sólo por haber seguido los consejos de la Reina de las Libélulas.

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A los adultos a veces se les olvida que deben ser más como nosotros los niños, deben de estar dispuestos a sorprenderse y no querer explicarlo todo.

Y ahora debo decirles a ustedes, mis queridos lectores, que han recibido, con su lectura, un gran regalo, ya que esta historia no había llegado a nuestro reino, al menos no hasta ahora, así que sigan el consejo de esa libélula que tal vez, allá a las orillas del bosque mágico, viviendo siga y, tal vez, si te das la oportunidad de ver, tú también puedas esta sabiduría vivir y transmitir; yo, al oír los relatos de Lhadtsi, algo con seguridad aprendí: que debes amarte como eres, no importa si tú te ves más imperfecciones que dones, ya que esas que crees imperfecciones, son oportunidades para a tu ser modelar, que te hacen único,  así que disfruta como eres. La Reina de las Libélulas, fue un hada que no lo hizo y aceptó que había cometido un error y decidió no usar su magia para volver a tener la belleza inigualable de un hada, pero nosotros no tenemos esa magia para resolver nuestros errores, así que vivan su vida con su cuerpo inigualable, único y hermoso, que sean sus sueños y anhelos los que más importen.

Bueno mis queridos lectores, es todo por hoy; espero que este escrito les inspire a disfrutarse día a día. Bye.

©Semira Darimá, abril de 2018.

2 comentarios en “La Magia de las Libélulas”

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