Arándanos “bayas estrella”

Hola, mis queridos lectores ¿cómo están?, espero que muy bien; hoy les quiero hablar de una fruta del bosque llamada  arándano azul, mora azul o blueberry, la cual es un fruto realmente sorprendente y que tiene mágicas historias con las que, aparte de endulzarnos el paladar, nos endulzaremos los oídos, je, je, y por si fuera poco, ¡también  se puede usar como medicina! por ejemplo, para tratar la diarrea e infecciones estomacales, también previene cataratas y otros problemas oculares, así como algunos tipos de  infecciones. La verdad es que este pequeño fruto azul es simplemente extraordinario y bueno, al final les tengo una sorpresa así que, no paren de leer, je, je, seguramente, como me pasó a mí al investigar más acerca de esta baya que me gusta mucho. Aprenderán muchas cosas, ahora ¡a divertirnos aprendiendo más de este maravilloso mundo!

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Los arándanos azules o blueberries ahora se cultivan en muchas partes del mundo, pero las silvestres siguen siendo las mejores en sabor.

 

 

De los bosques de Norteamérica al mundo y  nuestro paladar.

Así es, los arándanos azules crecen en los bosques de Norteamérica, específicamente en Estados Unidos y Canadá, también crecen en otros lugares, pero las especies que más ha llegado a cultivar el ser humano, son las que viven aquí y créanme que, elegir esas especies, no debió de haber sido nada fácil, porque existen más o menos ¡30 especies de arándanos azules! y todas  tienen un nombre y sabor especial; las que serían las más extrañas en su género son unos que crecen en Madagascar y Hawai, que, por cierto, son islas y no tienen para nada el tipo de bosque en donde es más común que crezcan los arándanos azules.

 

¿Flores en ramos de vacas?, ¿flores de vaca en ramos?,

¿bayas en ramitos para la vaca? ¿vacas en ramos? o ¡¿qué rayos?!

Su nombre científico es Vaccinium corymbosum y como otros nombres que les he compartido, este también puede parecer muy extraño, y los botánicos, que son las personas que se encargan de estudiar  a las plantas, no saben muy bien de donde viene su nombre y creen que puede significar: Vaccinium “de o perteneciente a las vacas”, o que provenga de bac que quiere decir baya y corymbosum que es “con corimbos” y los corimbos son la forma en que las flores crecen en ramitos, por ejemplo, podrías decir ¡Mamá te traje un corimbo de flores! y quizá tu mamá te vea raro y piense que estás medio loquito, je, je, en fin  ¡vaya lío con esos nombres!, a mí la verdad el que más me gusta es blueberry y, por supuesto, baya estrella.

 

Si los arándanos azules hablaran…

La primera vez que una planta produjo a un antepasado de las deliciosas moras azules y todos los demás tipos de arándanos, fue aproximadamente hace 13,000 años, lo que quiere decir, que los arándanos existen un poco antes del inicio de la última Era del Hielo, (¡Seguramente Sid, Manny y Diego, llegaron a comer esos primeros arándanos!) que fue causada porque un asteroide cayó en la Tierra, y tooodo se enfrío.

Los arándanos y todos sus parientes con sus nutrientes y antioxidantes fueron muy importantes para la  alimentación de civilizaciones antiguas, por ejemplo, en tiempos de los griegos y romanos, los parientes europeos de las moras azules, fueron muy importantes en su la dieta diaria.

 

Un regalo del Gran Espíritu

Cuando llegaron los europeos a lo que actualmente llamamos Estados Unidos, los pobladores originales ya conocían y hacían uso de muchas propiedades de los arándanos, y los ancianos relataban que el Gran Espíritu envió “bayas de estrellas” para aliviar el hambre de los niños durante una hambruna, salvándolos de la muerte y fueron ellos los que  llamaron a los arándanos “bayas estrella” porque el extremo floral de cada baya, donde estuvo la flor, forma una estrella perfecta de cinco puntas ¿ya lo habías notado? ¿no te parece muy hermoso este pequeño relato?

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Los humanos no somos los únicos que disfrutan de estas deliciosas bayas, muchos animales lo hacen como por ejemplo osos, zorros, mapaches, aves, es seguro que observando como ellos las comían, nuestros antepasados aprendieran a comerlas.

Acción de Gracias… gracias a los arándanos

Bueno, ya les decía que si los arándanos hablaran, la de sucesos que nos podrían contar, son tan antiguos que seguramente habrán visto muchas cosas y, una de ellas, por supuesto, fue la llegada de los europeos al continente conocido actualmente como América y ellos no conocían nada esta tierra ni sus secretos y todos esos regalos que la Naturaleza nos da para alimentarnos; el primer invierno de los europeos en las nuevas tierras no fue nada fácil, ¡Morían de hambre! y los nativos decidieron ayudarlos y una de las cosas que compartieron fueron estos frutos tan alimenticios, los cuales sabían preparar de muchas maneras ya que para poder disfrutarlos durante todo el año, ellos secaban al sol los frutos y los comían enteros en  sopas, guisos y acompañando a la carne, o los trituraban en un polvo frotándolo en carne como conservante; un grupo en especial de nativos que vivían en los alrededores de Lake Huron, también preparaban el Sautauthig que se pronuncia sawi-taw-teeg y era un pudín  hecho con arándanos, maíz troceado, miel y agua, que era uno de sus platillos favoritos y bueno, a quién no le gustaría esa delicia, mmm, mmm, se me hace agua la boca de sólo pensarlo; por supuesto, los colonos también lo disfrutaron y ellos a su receta le agregaron leche, mantequilla y azúcar.  De hecho, los historiadores creen que esta delicia fue parte de la primera fiesta de Acción de Gracias.

 

Con ustedes Elizabeth White, The Blueberry Queen.

Hubo una vez una niña muy curiosa; ella era la mayor de cuatro hermanas, su padre Joseph J. White era un granjero de New Jersey; esa niña llamada Elizabeth Coleman White con el tiempo se inclinó a trabajar con él dejando de lado las labores que en esa época eran designadas para la mujer, como hacer comida y el aseo del hogar; llegó a ser tan unida a su padre que terminó por ser su mano derecha en el manejo de la granja familiar.

Bueno, primero tengo que contarles que hasta hace unos 100 años, comer arándanos no era tan fácil como lo es ahora que los podemos comprar casi en cualquier lado y en cualquier época del año. En aquel entonces, los arándanos eran recolectados en los bosques y cultivados en lugares muy particulares y únicamente podían comprarse a la orilla de las carreteras cercanas a esos bosques; así es, la falta de arándanos era con lo que la gente tenía que lidiar ya que había en pocas cantidades, pues  había habido varios intentos para crear plantaciones de arándanos sin éxito ya que las plantas, generalmente, morían y después de muchos experimentos y observaciones un botánico, llamado Frederick Coville, que trabajaba en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, publicó su trabajo; en ese boletín, este botánico describía lo que había descubierto, por ejemplo, que los arándanos para crecer bien necesitaban una tierra ácida, que necesitan polinización cruzada con otros arándanos para que estuvieran sanos, lo que quiere decir que necesitan estar cerca de otros arándanos para que sus polinizadores visiten las flores y lleven su polen de un árbol a otro y que para los arándanos eran muy importantes los hongos que entraban en sus raíces y les ayudan a absorber el elemento nitrógeno y además, como otras plantas, los arándanos necesitaban bajas temperaturas  para poder florecer y fructificar.

Todos estos datos los leyó Elizabeth White cuando llegaron a sus manos y de inmediato le pidió a su padre que le escribiera a este botánico y lo invitara a trabajar con ellos usando una parte de su granja Pine Barrens, y ella se ofreció a ayudarle en la investigación; por supuesto, él aceptó la invitación.

 

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El cultivo comercial de blueberries no fue fácil, pero una mujer agricultora y un botánico lo consiguieron y nos dieron con ello, “una sabrosa herencia”.

 

Elizabeth en ese entonces ya tenía mucha experiencia en el manejo de los arboles de arándanos o blueberries, debido al trabajo que realizó por muchos años al lado de su padre, y a su inventiva y determinación, gracias a las cuales incluso experimentó con hongos sudafricanos para eliminar a los saltamontes que se alimentaban de los arbustos de blueberries; al final, el experimento no salió del todo bien, pero lograron descubrir, ella y un entomólogo  llamado J. B. Smith, en donde ponían sus huevos los saltamontes y los mataron quemando las hierbas.

Elizabeth y su padre ya habían hablado de la  posibilidad de cultivar dos variedades de arándanos que crecían muy bien en los alrededores: los arándanos rojo grande o cranberry (Vaccinium Macrocarpon) y los blueberries (Vaccinium Corymbosum); unos maduraban en verano y otros en el otoño.

Elizabeth no tenía formación como científica, ella  conocía los bosques y los campos de Whitesbog además de la gente que colectaba los arándanos silvestres para vender. El botánico Coville no sabía de granjas, sin embargo, ambos eran curiosos y realmente tenaces y ese fue el nacimiento de las plantaciones comerciales de arándanos.

Elizabeth imprimió y distribuyó folletos entre los  leñadores para que la ayudaran a  encontrar los mejores arbustos silvestres proporcionándoles, a cada uno, un kit que consistía en un medidor de aluminio para medir los frutos, jarras con formalina para conservar la fruta y etiquetas para marcar los arbustos.

La señorita Lizzie, como era llamada por los recolectores,  pagó de  $ 1 a $ 3 dls. por marcar cada arbusto que tuviera bayas lo suficientemente grandes, y les pagó de nuevo para guiarla a los arbustos, los cuales nombró por sus buscadores: Sam, Grover, Harding, Haines. El mejor arbusto de todos fue encontrado por  Rube Leek y, finalmente, Coville y White decidieron llamarlo arbusto Rubel.

Elizabeth y su equipo de “cazadores de arándanos” desenterró los arbustos elegidos llevándolos  a Whitesbog, donde los multiplicaron por una técnica que se llama esqueje, después, cuando las plántulas que resultaron  tenían un año, fueron enviadas a los campos de prueba de Elizabeth en Whitesbog.

En sus notas de campo, que se conservan hasta ahora, puede leerse lo cuidadosa que fue Elizabeth en sus observaciones; en ellas puede leerse quien fue  el buscador de cada arbusto, cual era la apariencia  del arbusto, cómo se cortaron y sembraron las raíces, y qué esquejes se enviaron a Washington. Cuando las bayas de los arbustos que le habían devuelto comenzaron a madurar, ella los revisó con regularidad, observando el tamaño, el color y ¡prácticamente cada etapa de su crecimiento!, comprobando su  sabor, su resistencia a las bajas temperaturas, la calidad, y destruyendo todo aquel arbusto que no cumpliera sus requisitos; fue así como, en  1916, los primeros arándanos producidos de forma comercial en Whitesbog –que era una mezcla de variedades-, se empacaron en cajas de cedro con cubiertas de papel marrón, después, el trabajo de Elizabeth fue principalmente dedicado al empaque y envío de las bayas, y en el establecimiento de una asociación cooperativa de productores de arándanos.

Elizabeth continuó por muchos años supervisando arbustos de arándanos para venderlos a otros cultivadores; ella fue la primera mujer miembro y posteriormente presidente de la Asociación Americana de Cultivadores de Arándanos. Mostró un interés particular en la salud y el bienestar de los trabajadores estacionales. En 1929, invitó a los miembros del Consejo de Mujeres para Misiones Domésticas a administrar una guardería que brindara cuidado y educación a los hijos de los trabajadores migratorios de Whitesbog, con la esperanza de alentar a otros propietarios de plantaciones a hacer lo mismo.

Elizabeth murió de cáncer el 27 de noviembre de 1954, dejándonos  una muy dulce herencia y, por supuesto, ganándose totalmente el título de: The Blueberry Queen.

 

Otra leyenda y un relato de los arándanos

Los indios delaware (los mismos de la historia verídica, de la cual hay tanto un libro y una película, llamada El Último de los Mohicanos, que viven en la costa este de Estados Unidos) ilustran el origen de los arándanos con una curiosa leyenda y es la siguiente:

Los Yah-qua-whee, una clase de titanes o gigantes míticos que habían tenido un mal día, decidieron que para desahogarse atacarían a los humanos y mataron a muchos. Por ello los humanos, alimentados por el deseo de venganza, después de superar muchos retos con grandes esfuerzos, los arrojaron a una fosa y ahí, entre todos, los mataron. Pero jamás imaginarían que la tierra absorbería su sangre y en primavera comenzaron a brotar unos pequeños arbustos con unos suculentos frutos de color rojo para que el hombre recordara el homicidio que había cometido. Los delaware bautizaron a estos frutos sassamenesh o ibimi y los mezclaron con carne seca de gamo y manteca para cocer los más exquisitos guisados. También descubrieron que su pulpa era curativa y que ayudaba a sanar las heridas.

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Las flores de blueberries son blancas y acampanadas, las plantaciones en flor son visitadas por polinizadores como las abejas.

 

Y ahora, un relato que escribí en honor a los blueberries:

 

Saamsbluendai, el Hada Médica del Bosque.

Hace mucho tiempo una niña huérfana que no tenía nombre estaba sola en un bosque, había caminado por días hasta sentir que ya no tenía fuerzas, no conocía el bosque y no sabía que podía o no comer y estaba muy hambrienta; a punto de desmayarse de hambre, apareció frente a ella un felino enorme y al principio pensó que era su imaginación, pero pronto la cercanía del animal le  hizo sentir miedo ya que pudo oler su aliento; ella, por supuesto, creyó que ya pronto estaría en el templo de los muertos, y quizá de forma menos dolorosa que morir lentamente de hambre; pero, una vez que el felino estuvo lo suficientemente cerca para que tocara la frente de la niña, ella sólo cerró los ojos y espero a que su final llegara, pero no pasaba y de pronto… escuchó una voz tranquila, grave y relajante, que le dijo lo siguiente:

-Niña, no creas que yo he venido a comerte, te he visto durante tu estancia en este bosque y he visto que tus padres te han abandonado, pero también he visto que no has comido ni bebido en días, aun así, has mostrado misericordia con mis hermanos del bosque y has tratado con respeto este que es mi hogar, por ello, he decidido ayudarte y te llevaré a un lugar que está muy escondido en este bosque donde se guarda un secreto que sólo es compartido con las almas como tú que son compasivas; yo, que he sido designado tu protector,  sé que tú sabrás usarlas con sabiduría al igual que todo aquello que te enseñaré; no temas, dejaré que subas a mi lomo y podremos llegar antes de que el hambre siga matando a tu cuerpo.

La niña, todavía sorprendida por los sucesos, se subió sin hacer ni una sola pregunta y sintió como el viento le golpeaba en la cara hasta que llegaron a un lugar de una belleza mágica y el felino, que era parecido a un león, se detuvo de repente y si la niña no hubiera estado bien sujetada seguramente hubiera salido volando.

Una vez que pudo bajar del animal y recuperar el equilibrio, logro ver con claridad unos hermosos y pequeños frutos rojos y azules que colgaban de unos arbustos pequeños que estaban rodeados de un circulo de luz muy blanco y grande; casi sin pensarlo y llevada por su hambre, probó uno de los frutos azules y la invadió una sensación de satisfacción, apareciendo en su rostro una  sonrisa de oreja a oreja.

Con el paso de los años la niña aprendió, de este mágico Espíritu del Bosque, los secretos que resguardaba, los cuales compartía con otras personas que llegaban a adentrarse hasta ahí, creyéndola un espíritu mágico; algunos se acercaban con gran respeto a ese bosque donde vivía llevándole algunas ofrendas; fue así como la empezaron a llamar  Saamsbluendai, el Hada Médica del Bosque, de cuyos regalos, el más apreciado por los humanos eran los blueberries, y decían de estos frutos que eran las lagrimas de felicidad del bosque y esta es la razón, la felicidad del bosque,  por la cual hoy en día tenemos la oportunidad de degustar estos maravillosos frutos.

 

Una baya que le cae muy bien a nuestro cerebro

Se ha comprobado que si se toma un smoothie de arándano en la mañana, ayuda a estar más concentrado en las tardes cuando el cerebro está ya cansado y lo ayuda a trabajar mejor; algunas de las propiedades que también se le atribuyen al arándano azul son: fortalecer el sistema inmunológico, ayudar a bajar de peso, a bajar el colesterol en la sangre,  prevenir la diabetes mellitus, mantener la salud del tracto urinario, reducir el riesgo de padecer hipertensión, prevenir los resfriados, combatir y prevenir el envejecimiento prematuro y, además, tiene vitamina C.

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Una deliciosa forma de iniciar el día, yummie, yummie.

Y ahora, antes de irme, les tengo la sorpresa: Hice con mi mamá un pastel de blueberry por esta publicación y aquí les comparto unas imágenes del acabado y del procedimiento de esta delicia. Espero que muy, pero muy pronto, les pueda compartir la receta porque, créanme, es delicioso.

Bueno, eso es todo por hoy; espero que les haya gustado. Ahora me voy a degustar este delicioso pastel con una buena taza de café; espero que nos leamos muy pronto y que pasen un hermoso día, si es con bosque, ¡mejor!

Bye.

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